L. Althusser se consideraba [a sí mismo] como filósofo, marxista, y comunista “reconocido”. Fue un filósofo serio, no mediático, profesor rodeado de libros, militante de izquierda rodeado por la juventud en una manifestación, tenía aspecto de galán duro…y asesinó a su esposa Hélène Rytmann ahorcándola un 16 de noviembre de 1980. Tanto en Francia como en Argentina no existía la figura de “femicidio” sino “crimen pasional”, por lo que Althusser no podía ser acusado de femicida sino homicida. Su reputación como filósofo fue opacada por la de “homicida loco” primero, porque su psicosis maníaco-depresiva lo hizo tener por primera vez un delirio y segundo, su esposa y él exigieron su internación inmediata, pero fue demasiado tarde cuando le llegó el permiso: después del asesinato, le había llegado su carta de traslado.
Este suceso no causó más grandes repercusiones contra la izquierda de las que ya había porque Stalin había hecho mella con sus crímenes, pero como la prensa se valió del amarillismo para asociar a la ideología al crimen y a la Filosofía, la locura. No está demás decir que se valió de la protección de la academia y sus intelectuales para no ir preso, cosa que él si exigía, y como formaba parte de un establishment, no le hicieron cumplir el protocolo de confesar primero el asesinato para luego ser revisado por psiquiatras. Fuera del establishment escribe, para ser publicado de forma póstuma, El porvenir es largo (1992) en donde se anima a “decirlo todo” ¿qué es esto? poder decir aquello que estaba permitido decirlo sólo dentro de nosotros, explicitar malpensamiento que es un secreto clandestino por el bien del orden social: hace praxis de la Medusa, explicitación de su yo oscuro. Su libro póstumo refiere a la familia como “el más infernal de los aparatos ideológicos del Estado”, y también hace explícito su machismo. Es explicitar nuestro yo monstruo que no es piadoso con nadie ni consigo mismo. No se trata de hacer confesiones sino de mostrar nuestra maldad visceral.
En el año 2016 J. Ducournau se hizo conocida alrededor del mundo por Raw, película dirigida y guionizada por ella misma. Del género del terror y subtrama terror corporal, la protagonista Justine, una estudiante de ciencias veterinarias vegetariana, deviene caníbal por comer carne cruda-unos riñones de conejo en un ritual de bienvenida en la universidad- por primera vez. A medida que fue teniendo contacto con distintas formas de carne en la película, empieza a gestar un deseo por probar carne humana, al punto de que la película desemboca en la fatalidad. Su placer necesita dolor, y eso se ve reflejado en la atracción que siente por Adrien, su compañero de cuarto, con quién tiene su primera vez sexual. Más allá de las reseñas publicadas que la catalogan como una gran película cuya metáfora sea el despertar sexual en la mujer, lo cierto es que Justine es una villana que tiene en su interior el mal. Tanto Althusser como ella explicitaron pensamiento “sin callar nada”; es como si develasen un secreto que rompe con el orden social. Ese pensar es malpensar devenido monstruosidad sin piedad ni con uno mismo ni con los demás. Como los secretos salen a la luz, ya no hay nada que ocultar, no se busca impunidad, es confesar sin mesura los pensamientos del interior, sin excusas.
Devenir en monstruosidad significa que el mal, muchas veces, está en cada uno de nosotros.
Amanita Muscaria
Argentina

Amanita Muscaria (1998) nació en Argentina. Actualmente cursa la carrera Filosofía (UBA). También fue estudiante en la escuela de dibujo Eugenio Zoppi dedicada al género de la historieta, hoy realiza acuarelas y collage digital. Fue expuesta en la muestra Sobrecarga (Argentina, 2021) y Di opere Mariane (Italia, 2024), colaboró cómo ilustradora para la antología poética La shoa (2023) y Poesie Mariane (2024). Sus primeros artículos fueron publicados en la revista argentina Espectros.