Black Metal: meca del materialismo oscuro.

El Black metal es un subgénero de Heavy Metal surgido a mediados de la década de los ochenta y principios de los noventa en Noruega. Caracterizado por melodías rápidas, brutales y distorsionadas, voces podridas que hacen guturales similares al gemido de un chancho, todo grabado con bajo presupuesto, ropa negra con accesorios como el cinturón de balas o muñequeras de púas finas y largas y el famoso corpse paint, supo asentarse en una país perteneciente a sociedades pacíficas y utópicas, emblemas de la socialdemocracia que promete una buena calidad de vida, sin violencias ¿y cómo pudo ser posible? porque muchos músicos y seguidores de esta vanguardia intentaron restaurar los valores del paganismo nórdico quemando iglesias cristianas, difundieron ideas nacionalistas y fascistas para ir contra la globalización (a la vez que predominaba una corriente comunista), y una necesidad de difundir discursos de odio racial e infundir miedo. El “Inner circle” fue un movimiento dentro de la escena del metal que llevó adelante la divulgación de estas ideas.
Las figuras que llevaron adelante el género eran Varg Vikernes, Øystein Aarseth (“Euronymous”, fundador de la disquería Helvete y de Mayhem), Per Yngve Ohlin (“Dead”) y Natti Natti Nattram (el único músico que a día de hoy sigue bajo el anonimato). Todos tienen algo en común: acciones violentas, ya sea contra otros o contra sí mismos. La autodestrucción, los asesinatos, la tendencia hacia lo morboso, sangriento, chamuscado, cadavérico y frío, sacan de su más profundo interior un deseo infrenable de gestar violencia. No eran actos performativos del satanismo, paganismo o la tendencia cercana a la muerte, sino que realmente vivían conforme a sus ideales. Llegaron incluso a grabar sus discos alejados de la sociedad, instalados en bosques. También se destaca de algunos de estos referentes cierta aversión por la tecnología, y preferían la correspondencia por carta, material hoy en día editado como libro. Sea la carta, sea la canción, o los métodos con los cuales se grababa la música, explicitan un yo oscuro que a día de hoy se lo sigue enalteciendo. Podemos decir que todos tenían una pizca de hijaputez, pero se admira el legado musical, por lo que se valida la separación obra-artista.
La quema de las iglesias en su mayoría fueron realizadas por Varg Vikernes, inspiradas no por el satanismo per se sino por el odinismo, es decir, la necesidad de retornar a los dioses paganos. Euronymous, lejos de alarmarse de las conductas de su compañero de banda Dead, se limitó a decir que estaba solamente loco. Entre ambos había una notoria unión por la música, pero diferentes ideales políticos, y hasta problemas de deudas, lo que quizás desencadenó su fatal encuentro: Vikernes asesinó a Euronymous de varias apuñaladas, siendo condenado a prisión. Cumplió su condena, salió libre y continuó haciendo vida normal en familia, aunque siempre emitiendo comentarios controversiales, causando que le borrasen su canal de música en plataformas de video.
Y, bajando más escalones en esta espiral de horror, tanto Dead como Nattram se sometieron a conductas autodestructivas, con la diferencia de que el Dead está muerto y Nattram terminó internado en un hospital psiquiátrico por esquizofrenia. Mientras que el primero tendía a maquillarse al extremo del blanco su piel, ponerse ropa sucia enterrada u oler animales muertos guardados en bolsas para sentir el hedor de la muerte, el segundo tendía a autolesionarse partes del cuerpo para lograr mejores guturales, al punto de destrozar sus manos y bañarse en su propia sangre.
Las canciones no varían mucho entre sí de lo que abordan: guturales que cantan acerca de la mitología nórdica, la oscuridad, la sangre, la muerte, la violencia contra un otro (¿quién?), el infierno y sus criaturas, sobre espacios boscosos y fríos bañados por la luna, e incluso sus melodías parecen revalorizar el sonido de las antiguas civilizaciones de sus países.
Y habiendo dicho que no había ningún tipo de performance por parte de estos personajes, podemos decir que no se mantenían callados sobre lo que pensaban y ocultaban en su interior. El Marqués de Sade a través de sus novelas decía lo que callaba en la vida real: el libertinaje sexual, las violaciones, el sexo proto-BDSM, las torturas, el incesto, todo este in crescendo delictivo es transmitido a través de sus personajes e historias, pero nunca se muestra en la realidad inalterada en la que vivimos. En cambio, los músicos del black metal tomaron una actitud radical en la que todo lo que hacían, era en serio. No querían asemejarse a los cadáveres, sino que [pensaban] que lo eran; no querían vender una estética pagana, sino que quisieron llevar a cabo un proyecto de eurocentrismo alejado de la globalización latente; tampoco querían vender rebeldía, sino mostrarse como tal al punto de culminar con arte sublime y muertes no martirizadas: no hay delimitación entre el escenario y sus vidas privadas, no hay personajes sino personas que llevaron al extremo sus objetivos. No se trata de imaginar qué dirían, sino que dicen lo que en el fondo de su ser ocultan. Su yoidad no mantiene en silencio su violencia, sino que ejecuta lo impensable. No temieron en matar, suicidarse, o autolesionarse al punto de la deformación. Dominaron lo que a cualquier persona le horroriza: desea morirse pero a la vez no quiere morir, desea matar a los otros porque no tolera su presencia, pero no comete ningún tipo de delito, y no todo el mundo es capaz de llevar a cabo la conducta masoquista, incluso si no es sexual.
La nueva etapa del black metal, a inicios de los 2000, también dejó mucho de qué hablar: Gaahl, ex cantante de Gorgoroth, fue condenado a prisión por maltrato y tortura que incluye beber sangre humana. Para ser abiertamente vegetariano y gay, no representa lo que la mayoría de la diversidad sexual pregona hoy en día, ni tampoco al aspecto rudo y masculino machista del género. Podría decirse que, a pesar de que algunos músicos como los de Mayhem quisieron reconvertirse reduciendo la banda a una performance musical y alejarse así del pasado que es una mancha, lo cierto es que el género sigue pregonando una actitud radical ante la vida. No es un lifestyle, es un proyecto de hombre individualista que busca acabar con todo rastro de cristianismo-apoyando la quema de iglesias-y ser su propio Dios o seguir los lineamientos satanistas. Se depuraron, lo único, de la muerte, pero no abandonaron sus ideales. Más allá del legado de sus precursores, lo cierto es que este género terminó siendo un nicho en el que no cualquiera es capaz de deleitarse con su sonido ni tampoco se atreve a poner un pie por todos las críticas (y muchas, con razón) que tienen tanto sus músicos como sus espectadores.
Sin embargo, esta empresa fracasa por las palabras que diría S. Schwarzböck: << “El yo monstruo, en cambio, no es todopoderoso. es malo: es cruel consigo mismo como con los demás. Pero carece de voluntad expansiva, totalizadora y universalizante”. >>. La empresa de este género fracasa debido a que, en su intento de expansión (musical, social e ideológico) se redujo a un nicho con tintes peyorativos, además de que en su intento de pregonar un movimiento e ideales tenga a la vez personajes dispuestos a aislarse del mundo que los rodea pero que a la vez sus acciones llamen la atención. Quieren no seducir al espectador de sus acciones, y sin embargo a la vista de todos los cometieron. Son personajes que buscan ser vistos y leídos, pero no mimetizados. No sintieron vergüenza por sus acciones, por lo que no hay secretos que ocultar. No son siquiera figuras pornográficas porque lo que sucede frente a nosotros fue real.
En el Black metal hubo asfixia ¿de qué? en el interior está permitido decirse todo, y hubo necesidad de vaciarse.


Amanita Muscaria
Argentina

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