Opus IV

Vuelvo a diario de la tierra virgen,
de mi huella original que aún tropieza.
Vuelvo hecho una angustia
alargado entre la sombra,
callado;
hecho a medias
por silencio,
hecho un canto marino
que enuncian las algas
y la sal
De este sitio
que me vuelve a veces sin mi cuerpo,
nace una palabra
que me erige en media forma.
Un beso de agua
que habita la mitad de la nostalgia,
pare mi voz de cuarzo u obsidiana;
algo llama,
en otra parte,
lo que crece cerca
de los pies del hombre,
lo que estuvo allí antes de la muerte
invoca a mi alarido,
suda desde el fondo de su arena.
Nunca me he vuelto frente al sol,
nunca en la luz,
nada dentro mío se reflecta.
Vuelvo del nido de la sed,
el pueblo de los que ahorcan a sus hijos
para evitarles hambre y llanto.
He vuelto a solas,
colgado en una grieta de mi carne,
recostado en mí
sin pesadilla,
nublado y gris,
aletargado,
oscuro como el mar,
lento como el mar…
húmedo de él.

At Cas

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