Ciberlirismo, el pasado presente futuro que necesitamos

No tienen idea de cuántas veces dudé antes de escribir esto, de abrir mi Instagram, de decidir ser escritora, de decidir ser yo. No tienen idea. Y, aun así, hoy estoy escribiendo un artículo para una revista que nunca imaginé que existiría, mucho menos que me daría la oportunidad de publicar en ella. No tienen idea, yo tampoco… pero aquí estamos: ustedes leyendo mis palabras, y yo llegando a personas a las que jamás creí que llegaría. Y entonces pienso: “Wow, no hay nada más ciberlirista que esto”.


El Ciberlirismo es un término nuevo, no te culpo si nunca lo habías escuchado. En su momento yo tampoco sabía cómo nombrar lo que estaba gestando en mi cabeza, hasta que un día lo escribí en un papel. En resumen, es un subgénero poético existencialista que surge
para explorar al ser humano en un mundo dominado por la tecnología y la inteligencia artificial. Y no, aquí no repetimos la narrativa de Terminator. La dominación no siempre tiene forma de máquinas bélicas; hay otras maneras más sutiles de dominar y ya las estamos viviendo. Allí, justo en ese cruce entre la realidad y la ficción, nace el Ciberlirismo.


Algoritmo, digitalización, industrialización, mecanización, internet, redes sociales, robots, inteligencia artificial, complots sociales, conspiraciones, noticias amarillistas, incertidumbre, rechazo, temor… Todo esto gira alrededor de lo mismo: el miedo. Lo curioso es que muchos ni siquiera lo reconocen. Creen que solo sienten ansiedad, anticipación o el simple deseo de evitar algo malo. Pero eso también es miedo, porque nadie quiere vivir lo que libros y películas nos han advertido. El detalle es que esas advertencias suelen ser distopías. Y las distopías, hay que decirlo, no son otra cosa que hipérboles del mundo real. Lo mismo ocurre con las noticias alarmistas, que se expanden como fuego y terminan saturándonos hasta el punto de rechazar todo lo relacionado con estos temas, convencidos de que así “hacemos lo correcto”. Pero no. El rechazo colectivo que impera hoy no es la salida. ¿Por qué? Porque no rechazamos la realidad, sino una idea distorsionada del presente y del futuro. Y ese desvío nos impide enfocar nuestra atención en lo que realmente importa.


Ahora te preguntarás qué es lo que realmente importa. Pues más allá de cuál es el futuro que nos espera, es el presente que construirá ese futuro. Verán, esto se resuelve cuando te das cuenta de que el tiempo en sí no existe. Es una medida que se inventó el hombre, pero no es
algo concreto que se pueda manipular o que esté materializado como para devolver las cosas o adelantarlas exactamente igual. Y cuando te das cuenta de que tú con tus acciones desde el presente construyes lo que quieres que sea tu pasado y tu futuro todo se vuelve más simple. Allí reflexionas y te das cuenta de lo necesario que es el presente: ese pasado presente futuro que debes dominar. Entonces, lo importante siempre será el presente y desde el presente tenemos que, o bueno, yo me puse la misión de explorar mi humanidad de la manera más simple, profunda y vulgar que pueda existir, desnudándome ante las letras para poder comprender qué es lo que realmente sucede en mí cuando lo que alguna vez creí que era ficción se volvió realidad. Eso lastimosamente es lo que le ocurre al mundo.

No estábamos listos para recibir tanta tecnología, tanto avance e industrialización en tan poco tiempo. Es como que no terminas de asimilar o aprender a usar una herramienta cuando ya se actualiza u aparece otra mejor y en el medio de todo el bullicio digital que esto genera se pierde algo de nosotros: nuestra humanidad. Eso es lo que hay que buscar y esa es la verdadera forma de resistir, esa es la verdadera resistencia. Más allá de rechazar la vanguardia es aprender a ser humanos teniéndola. Adaptarnos, adueñarnos de ese algo que sentimos que nos amenaza y hacerlo parte nuestra ampliando así nuestro espectro. No hay una sola forma de ser humano, hay miles. ¿Cuál es la tuya?

Muchas personas dicen que la envidia es mejor despertarla que sentirla, pues debemos despertar envidia con nuestra humanidad más no convertirnos en lo que la industria quiere que seamos. La industria, no las máquinas. Ojo, pero eso es tema para otra ocasión. El día en que rechacemos lo que somos es cuando llegará el verdadero apocalipsis. No necesitamos un conflicto bélico mundial con una IA que falló y destruyó plantas de energía cuántica o yo qué sé.


Por eso sí necesitamos un espacio libre de amarillismo, libre de alarmismo, libre de todo
ruido tecnológico, libre de cualquier perfeccionismo tirano, libre de etiquetas y estigmatización, un espacio en el que un simple ser humano que vive en un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera de un país cualquier pueda explorar, conocerse, desahogarse y hablar desde lo que es. Y eso es lo que hago y lo que siempre querré hacer.

Si te sentiste identificado en estas líneas, el Ciberlirismo ya comenzó a hacer su trabajo, lo
demás vendrá por agregado. Espero alguna vez que esto, más que un proyecto vanidoso de
una materia gris pensante, sea el puente para un futuro menos agresivo y más amable de
nuestra dura realidad. Quizá el Ciberlirismo nunca sea un manifiesto global ni un movimiento reconocido en manuales literarios, pero si logra que una sola persona se atreva a mirarse a sí misma en medio del ruido digital ya habrá cumplido su propósito. Porque en la intimidad de esa mirada nace la verdadera resistencia: la de ser humanos, a nuestra manera.

Geco.

https://www.instagram.com/itsgeco_?igsh=MThwdDdzcDE4MnRzZQ==

Un comentario

  1. Excelente, es un punto de vista nuevo y fresco ante el pánico y rechazo de la IA o la aceptación total. Estamos perdiendo nuestra humanidad y hay que recuperarla.

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