Javier Gaytán

Rebeldía

Mientras la luna alza uno de sus miembros

para bañarnos, 

sin duda, abrimos la boca

para recibir su líquido amarillo

me pulen en metáfora de árbol

en golpe de resaca

en mi primera comunión de estupro delantal alzado ante Dios

en un Vicente colodrillo

en un Vallejo miniatura

sin duda, en un disturbio para el lenguaje

una apenas encía neandertal

que no brota ¡vaya qué atraso!,

de un poema que no termina de parirme.

Alzo el patrimonio de las zanjas oscuras

de los perros que violan una flor

de la cachetada que en lenguaje cirujano

me arroja símbolo en el contorno

palabra o lunático revólver

que me extingue

en un histérico espécimen

que celebra la desfloración de las brujas

el cuello floreciente de la horca

el gotear de las madres que renacen flor abierta bajo mis zapatos

y nunca guardaré paracaidiano silencio 

ante el nacimiento de un árbol.

Claustrofobia

¿Qué hace esta cicatriz

que quiere quitarse las uñas

para no escarbar en ellas a la multitud

centímetro a centímetro,

ésta que choca… esta sombra que empuja la gruta subterránea

de su sombra a la que se le resbala el refugio de todos sus instintos?

Claustrofobia, 

por más que escarbo  

y se abren todas las jaulas, ¿cuál es el mundo de fuera?,

¿cuál el de adentro?

Los cielos racimos 

se decapitan, son las nubes con mi rostro

con los frutos que entierran sus palas en el Cristo, 

pero no encuentran a nadie.

Mi cáscara se columpia,

consigo misma se aparea, se bebe el café lleno de mañanas

y entierra su perra en la semilla de todos los difuntos

al fin me toca y no me encuentra.

O me encuentra muy alejada de mí misma 

repleta de letras, cima o encaje en pañuelitos de palomas 

que crepitan y truenan.

La claustrofobia se vuelve un lote baldío,

¿o ya estoy muerto?

Alguien me dicta estas últimas palabras, es el Javier

que no me quiere, y no me quiere saber

porque él o ella huye de sí mismas 

y me deja tirada en lo más alto de un crucifijo.

Javier Gaytán Gaytán

México

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