Hace diez años, tras décadas de agresiones pasivas, la tensión entre los gobiernos de Rusia y los E.U.A llegó a un punto sin retorno y pronto desataron sobre el otro toda la potencia de su arsenal nuclear.
Las bombas erradicaron por completo gran parte del hemisferio norte del planeta, dejando al sur de México como la nueva cúspide del continente americano.
El recuerdo de los cientos de explosiones en forma de hongo aún me hace estremecer y aunque eran aterradoras, no fueron nada comparado con lo que vino después.
Al paso de los días, negras nubes de polvo radiactivo aparecieron en el cielo, robándose el sol y dejando caer sobre nosotros una lluvia ácida que contaminó las aguas y aniquiló los cultivos.
Estábamos desesperados y si no hacíamos algo pronto moriríamos, fue entonces que el profesor Jacinto Xuluk, una de las mentes más brillantes del país, hizo su aparición y con una idea nunca antes vista, prometía traer nueva vida a nuestro planeta moribundo.
El hombre era una eminencia en el campo de la ingeniería meteorológica y bajo su guía, utilizamos los pocos recursos a nuestra disposición para en cuestión de meses, crear la máquina que se convertiría en el pilar de la esperanza para la raza humana.
El sistema C-H-Δ-Δ-K-045, un conjunto de satélites operados por una inteligencia artificial que absorberían la contaminación de los cielos y la convertiría en energía eléctrica que liberaría en forma de “relámpagos”, los cuales provocarían lluvia limpia que abastecería nuestras reservas de agua y volvería a hacer fértil la tierra.
A pesar del sombrío panorama, el plan fue un rotundo éxito y tras poner el sistema en órbita, los cielos y las tierras de lo que quedó de México volvieron a llenarse de vida.
Pronto el rumor de nuestro triunfo llegó a oídos de los ciudadanos de los países sudamericanos, quienes decidieron emigrar a nuestro territorio, en busca de una nueva vida con agua y comida garantizadas.
A pesar de la colosal magnitud de personas que llegaba cada día, no fue problema para el sistema C-H-Δ-Δ-K-045 abastecerlos a todos, pues fácilmente podía expandir el alcance de sus satélites más allá de nuestras fronteras y ejercer la misma función purificadora.
Sin embargo, la codicia humana no tardó en instalarse en la brillante mente del profesor Xuluk, el cual comenzó a demandar a las naciones vecinas tributo por las bendiciones de su celestial invento.
La mayoría no dudó en brindar parte de los recursos que poseían, después de todo estaban agradecidas; pero hubo otras que se opusieron, bajo el argumento de que en un mundo en crisis no había lugar para la avaricia, todos estábamos luchando por restaurar lo poco que había quedado y no debíamos repetir los errores del pasado, oprimiéndonos los unos a los otros.
Esto hizo enfurecer al profesor que no dudó en mostrar la otra faceta del sistema, pues si bien la energía acumulada dentro de los satélites provocaba la lluvia, si se direccionaba hacia otro punto que no fueran las nubes a su alrededor, podrían provocar un daño tan catastrófico como las bombas que casi destruyeron nuestro planeta.
Fue así, como Xuluk dejó caer sobre las principales ciudades de Honduras y El Salvador, una colosal tormenta eléctrica que las arrasó por completo.
El horror de lo acontecido incluso escandalizó a nuestra gente y dispuestos a quitarle el control de tan mortal objeto, intentamos matarlo, pero para nuestra sorpresa el propio sistema C-H-Δ-Δ-K-045 se nos adelantó, fulminando a su creador con un relámpago.
Con el profesor fuera del camino, lo primero que hicimos fue comunicarnos directamente con la máquina para averiguar el porqué de lo que hizo, su respuesta fue simple: ella había sido creada para brindar una nueva esperanza a la humanidad, no para sumirla en otra era de terror.
Todos nos sentimos conmovidos por sus palabras, pero ese sentimiento murió tan pronto y como siguió hablando. Según ella, los actos de su “Padre” le demostraron que aún las mentes más brillantes de la raza humana no eran ajenas a los defectos de su especie, pero que ella lo corregiría y si tanto nos gustaba ponerle un precio a las cosas, ahora seríamos nosotros quienes le pagaríamos a ella.
Bautizando cada pedazo de tierra bajo su protección como la Nueva Chichen Itzá, por una década el sistema C-H-Δ-Δ-K-045 nos ha bendecido con sus dones a cambio de un módico precio, nuestras vidas por el futuro de nuestros hijos.
A sus ojos, un trato justo; a los nuestros, un plan fríamente calculado, pues la mejor forma de crear una nueva humanidad libre de los errores del pasado es asesinando a todos aquellos que los cometieron.
Pronto mi hijo cumplirá los doce años, el plazo límite para que mi esposa y yo paguemos nuestra deuda al sistema. No negaré que tengo miedo, pero tampoco pondré resistencia cuando llegue el momento, después de todo mi generación fue la que condenó el mundo y si todo sale como lo prevé la máquina, será la de mi hijo la que lo salvará.
Ronnie Camacho Barrón
Matamoros, Tamaulipas, México

Ronnie Camacho tiene 30 años y es de Matamoros, Tamaulipas, México. Escribe en género de terror, fantasía y ciencia ficción. Ya ha colaborado con sus cuentos «Profundo» y «Entre nosotros» en Clan Kütral. Y también en varias revistas digitales.